Blue Flower

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Arrancó el mundial de Brasil, el país del ordem e progreso, del ritmo, de la samba y del buen rollo. De los tres últimos se encargó la ceremonia inaugural, llena de colorido, de música bailonga y de un mastodóntico esférico que giraba mostrando imágenes y luces pintorescas. Del orden se encargó Neymar y del progreso (de Brasil) se hizo cargo Yuichi Nishimura y sus secuaces, de manera que la cosa acabó con un engañoso Brasil 3 - 1 Croacia.

 Ceremonia Inaugural Brasil 2014

 

Empezó Croacia, con un cabezazo de Jelavic, metiendo miedo a la marea amarilla, que inundaba el Arena Corinthians. Y en los primeros instantes de juego se hicieron patentes las debilidades creativas de los de Scolari, acrecentadas, en el minuto 10, con un gol en propia puerta de Marcelo, que se levantó esa mañana con el pie izquierdo, el mismo que envió el balón a las redes tras un centro envenenado.

Brasil siguió coqueteando con el desastre unos minutos más, mostrando una posesión de juego intrascendente y una elaboración tan oscura como el apagón parcial que sufrió el estadio hacia el primer cuarto de hora de juego. Un estadio, por otra parte, que todavía hoy huele a pintura por lo apurado de su finalización. Tal vez ese mareante olor dejó un poco descolocados (o colocados) a los brasileiros en bocana de vestuarios. A todos menos a uno: Neymar.

A sus 22 años de joven edad, el hijo de el padre de Neymar se echó sobre su aparentemente debilucha espalda a toda una pentacampeona del mundo y la llevó, con una fulgurante cabalgada y un tiro ajustado al palo, a empatar un partido que no estaba dando un nivel digno de un campeonato de este calibre.

Coprotagonista del encuentro (al árbitro quiso chupar cámara más tarde, y de qué manera), el multmillonario atacante del Barcelona tuvo hasta el honor de recibir la primera tarjeta amarilla del torneo, y de ser testigo y parte del lanzamiento de la primera falta. Una infracción que permitió que se usase una de las novedades en los mundiales: el mágico spray marca-barreras. Y parece que el invento surtió efecto, porque los jugadores no se movieron un palmo, no osaron nunca cruzar la línea pintada en el suelo, como si pudiesen ser castigados con decapitación como en la leyenda de Rómulo y Remo.

Sea como fuere, Modric y Rakitic, superestrellas de esta Croacia, se fueron haciendo pequeños según avanzaba la primera parte y Brasil acabó, como consecuencia, acogotando a los balcánicos en su propio área.

La segunda parte comenzó de forma parecida pero poco a poco, mientras Brasil sesteaba, Luka fue emergiendo y con él llegaron los mejores minutos de Croacia. Pero entonces ocurrió que a Fred le golpeó una suave brisa proveniente del este, del sureste asiático, más concretamente, y se vió recompensado con una locura de penalty pitado. Las novedosas cámaras de línea de gol tuvieron que alucinar con semejante regalo a Brasil. Penalty y gol apenas, pues Neymar estuvo apunto de fallar, como si el balón supiese que estaba haciendo algo inmoral e injusto atravesando la portería.

Croacia no se achantó y trató de percutir contra la portería de Julio César. El empate pudo llegar, pero finalmente llegó el gol de punterazo de Oscar, uno de los destacados. Un resultado a todas luces injusto para Croacia, que hoy ha dado un paso adelante para cruzarse con España en octavos, si todo va según las casas de apuestas dicen. Pero nunca se sabe. En el fútbol hay una serie de intangibles que pueden alterar el resultado. Porque afrontémoslo: el orden de los factores no altera el producto...a no ser que uno de los factores sea un árbitro pitando a Brasil en Brasil.

Yuichi Nishimura