Blue Flower

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Este mundial está saliendo a batalla épica por día de competición y esta vez no iba a ser la excepción. El roto que Costa Rica hizo a Uruguay primero y a Italia después, hacía del choque entre uruguayos e italianos un not to be missed, un enfrentamiento a cara de perro. Se presagiaba sangre, sudor y lágrimas, aunque este servidor no tenía ni la más remota idea, a priori, de en que lado iba a caer cada tipo de gota.

Si se vislumbraba un partido dominado desde la posesión por Pirlo y acólitos y desde el peligro en jugadas ailadas por Suárez y su séquito (de lujo en el caso de Cavani). Sea como fuere, uno de los dos equipos jugaría sus últimos 90 minutos en este mundial. Tenían, ambos, que dar el todo por el todo, y desde luego, en los himnos, se notó la trascendencia del encuentro.

Los himnos. Esa casi siempre señorial pieza que lleva en sus notas algo semejante a un hechizo arcano que hace que los orgullos se eleven y los corazones queden en un puño. Un leit motiv más allá del fútbol y del país al que pertenecen. Un símbolo de unión ante la adversidad y de complicidad frente a la victoria. Y en este mundial parece que están haciendo aflorar más sentimientos que nunca. Hasta los más aguerridos atletas sucumben al llanto ante su poder delante de millones de espectadores. Es curioso ver cómo a menudo, los supuestos tipos duros flaquean emocionalmente con mayor facilidad que un ciudadano medio que se enfrenta a una vida más real y por tanto más cruda y difícil. Pero es, sin embargo, síntoma inequívoco de que los jugadores se saben, de alguna manera, representantes y responsables de las alegrías y desgracias de sus compatriotas más allá de los problemas diarios.

La primera parte, sin embargo, no estuvo a la altura de lo esperado. Tal vez la tensión maniató el despliegue de los italianos, o tal vez fue Cavani quien maniató a Pirlo, siguiéndolo como su sombra, y desactivando así el toque azzurro. Tan sólo hubo de reseñable la ida de olla de Balotelli en jugada peligrosa en que vió la amarilla (esta vez tocó Mr. Hyde) y sobre todo, una muy meritoria doble parada de Buffon. El viejo Gianluigi, aún dando sus coletazos de genialidad y personalidad. En este caso se puede decir que quien tuvo, detuvo.

La épica esperada llegó toda de golpe en la segunda parte. La inoperancia del centro del campo italiano se vió especialmente reflejada en el momento en que Marchisio puso los tacos en la pierna de Arévalo y vió una roja sin discusión. Ese minuto 59 lo cambió todo porque Uruguay, el equipo que siempre llega más lejos de lo que se espera, comenzó a creer. Cavani comenzó a bajar balones como los Drogba, los Llorente, los Ginola de antaño. Incluso Suárez sacó sus colmillos para morder de nuevo, tanto literalmente en su faceta vampírica a Chiellini, como en un chutazo con el exterior que sacó un de nuevo espléndido Buffon.

Pero en cuanto a fe inquebrantable y lucha, nada ni nadie puede superar al hombre de la temporada por sus goles decisivos en el Atlético de Madrid. Diego Godín otra vez. Otro cabezazo para la historia. Otro gol de antología, éste para meter a toda Uruguay en los octavos de final de la Copa del Mundo y alargar así la sombra del maracanazo al menos un partido más. Éste para eliminar a Italia y a otra porción de Europa de esta, ya casi la podemos llamar así, Copa América Brasil 2014.

 

Gol de Godín a Italia