Blue Flower

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Se acabaron las pamplinas. Comenzaron las eliminatorias de octavos de final. Ya sin margen de error ni tan siquiera casi de mejora, pero quitando de la ecuación a Brasil, Alemania, Argentina, Holanda y Francia, posiblemente por ese orden, todas las demás, pudiendo considerarse triunfadoras en el mundial por haber llegado hasta aquí.

Eso Brasil lo sabía y Chile también, así que el primer partido de estos octavos se presentaba con una selección cargada de presión por ser hiperfavorita y otra selección que tenía mucho más que ganar y mucho menos que perder. Viendo los recientes partidos de Brasil y los últimos encuentros de Chile, se preveía un partido tosco, lento y de mucha lucha y defensa, con una Roja mordiendo cual delantero del Liverpool y no dejando jugar y una amarilla no demasiado interesada en dejar que la dejasen jugar.

A esta previsible rutina y falta de fluidez sin duda se enfrentaban un Neymar desatado con un ojo puesto en su ahora rival en la distancia Leo Messi, y Alexis con una autopista para correr libremente por los débiles laterales brasileños en cuanto a defensa se refiere. Estos dos ingredientes se presentaban sobradamente suficientes como para combatir cualquier posibilidad de partido decepcionante. Eso, y la hecatombe que ocurriría en Brasil de caer eliminada.

El árbitro superstar, Howard Webb, dió inicio al juego y la muchedumbre canarinha enloqueció como poseída por las deidades del fútbol (o por el exceso de la embriagadora caipirinha). Habían pasado pocos minutos cuando la grada enmudeció al ver a Neymar quejarse malamente, como siempre hace, para que engañarnos, de una entrada en medio campo. Recobró toda Brasil el aliente al ver que el hijo del padre de Neymar estaba en perfectas condiciones.

El guión de juego preestablecido se cumplió en la primera parte con una Brasil con poco juego pero llegando a balón parado (por contradictorio que esto suene) con peligro. Tanto fue así, que en un corner sacado por Neymar, media rodilla de David Luiz y media pantorrilla chilena metieron el balón en la portería chilena, colocando a los pentacampeones del mundo en la posición que más les gusta: por delante en el marcador y sin tener que llevar la iniciativa.

Sin embargo, Chile es una selección que se crece cuando se ve protagonista y, sobre todo, es un equipo que necesita media ocasión para materializar. Prácticamente todo lo que ha tirado a puerta en lo que va de torneo ha ido adentro, y cuando Alexis da su talla, que de estatura es bajita pero de fútbol es enorme, las jugadas acaban en gol. Y eso es exactamente lo que pasó poco después de adelantarse Brasil. Alexis dió un pase medido hacia el interior de la portería. De nuevo el pánico brasileño. De nuevo los fantasmas sobrevolando el Estadio Mineirão en Belo Horizonte.

Hubo varias ocasiones más en la primera mitad, especialmente gracias a un buen Neymar, pero fue Chile la que más cerca estuvo de, en su segunda oportunidad, marcar por segunda vez.

La segunda y definitiva parte, con las espadas en todo lo alto, comenzó en la misma tónica dominadora de Chile, pero de una forma mucho más evidente. Una Brasil proponiendo nada y a espensas de lo que Alexis, Díaz y Aranguiz hiciesen con la bola. A pesar de ello, hubo varias buenas ocasiones por los dos bandos, hasta que llegados los últimos diez minutos del partido, el miedo a perder hizo acto de presencia y nos llevó en volandas a la primera prórroga del mundial, asegurando un desenlace a lo épico que tan la esencia del fútbol es.

Tras los varios estiramientos de rigor y litros de agua y bebida isotónica ingerida para luchar contra la humedad extrema, se puso en marcha el tiempo extra. No ocurrió nada reseñable hasta el minuto 119, cuando Pinilla, el mejor de tóda la prórroga con diferencia, hizo un perfecto control orientado  en la frontal y sacó un misil que se estrelló en el travesaño de la portería de Julio César y en los constreñidos corazones de los brasileños. Primeros 1/8 de final: primera prórroga. Primera tanda de penaltis.

Solteros contra casados o cojos contra sanos en cada equipo para lanzar. Y ahí emergió Julio César. Como un molino de viento hecho gigante, con aspas en vez de brazos. Un titán nacido nuevo héroe de Brasil a pesar de ser el más veterano. Brasil en cuartos. Chile en el (buen) recuerdo.