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Francia 0-1 Alemania

 

Alemania gana por inercia. Otros ganan por sacrificio, trabajo, calidad y buenhacer (y otros, ni aún así ganan). No es que Alemania no hiciese méritos para alcanzar las semifinales, es que hay siempre un intangible en la alemanía que les empuja a ganar en esto del fútbol. Y es algo muy semejante a lo que otros dieron en llamar "miedo escénico", lo que sus rivales sufren cuando se enfrentan a ellos.

Francia suele ser psicológicamente vulnerable. Como su estrella Benzema (hoy estrellado), cualquier excusa le sirve para entrar en estado de aflicción. No es que Francia no mereciese estar en semifinales, es que hay un intangible en la francesía que les empuja a deprimirse en esto del fútbol. Y si esta su condición coincide con la condición del otro, la suerte está echada.

Suerte decía. Porque en el supersticioso minuto 13, primera parte, Hummels hizo útil y válido un prejuicio que suele haber sobre los alemanes: el de tener la cabeza cuadrada. Él, a través de un espléndido cabezado a un no menos espléndido centro de Kroos, fue el encargado de dar una acepción positiva a esa creencia tan manida. Fue un remate certero. Cuadriculado. Y los franceses se quedaron a cuadros. No se les fue ya de la retina ese salto del alemán, que les dejó retratados en defensa, como si de un cuadro impresionista de su compatriota Edgar Degas se tratase.

Le tocó por tanto a Francia llevar la iniciativa del encuentro a partir de ese instante. Y Francia, en esa tesitura, no se encuentra cómoda. Es un equipo diseñado para la salida rápida, para ser estrella fulgurante donde sus astros brillen. No estuvieron estelares por ese motivo, pero Benzema, Valbuena y Griezmann si que aparecieron y si que tuvieron sobradas ocasiones para, al menos empatar el partido, para regalarnos un nuevo tiempo extra en el Mundial de las Prórrogas. Pero fueron incapaces de encontrar la portería y cuando la encontraron, siempre emergió el coloso Manuel Neuer y la falta de puntería. O, tal vez, la invisible pared de fuerza de los alemanes y su inercia a ganar.

Alemania no hizo un partido para lanzar cohetes, pero su orden, su control de los tempos del juego y su frialdad, les fue más que suficiente no sólo para conservar la ventaja por la mínima, sino para ampliarla en varias ocasiones. Hubo incluso un mano a mano en que dió la sensación de quie Schurrle fallaba por pena. Esa típica imagen, tan característica de partido de recreo en el colegio, en que llegan tantos delanteros al contraataque y tan pocos defensas, que los delanteros acaban practicando un métela tú que a mi me da la risa e ineludiblemente erran.

El equipo de Joachim Löw se mete de cabeza, valga el símil, en las semifinales del mundial. Es tal la regularidad de la seleccion alemana en las últimas décadas a la hora de siempre estar ahí, que se me hace cada vez más difícil, visto lo demás, no verles levantando la copa de campeones. Tarde o temprano, su inercia a ganar les hará campeonar. ¿Y Francia?. Bueno, Francia, como España, es de esos equipos que necesitan que los planetas se alineen para obtener los resultados que su calidad insinúa. Pero ya fueron una vez campeones, y, aunque han pasado ya 16 años, tienen algo a lo que aferrarse cada vez que se van de una competición con la sensación de poder haber dado para más.