Blue Flower

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¿Alguna vez habéis soñado que os encontráis en clase o en el trabajo en pijama? ¿Que os pillan vuestros progenitores cometiendo algún tipo de acto impúdico acompañados o en solitario? ¿Que os cazan haciendo un sinpa? ¿Que os para el revisor del metro tras saltaros el torno?

Minucias comparado con la vergüenza que la selección de Brasil  pasó, e hizo pasar a su país, el 8 de Julio de 2014, fecha ya imborrable para la historia del fútbol. Y para la historia de las humillaciones deportivas. Alemania metió a Brasil, en 18 minutos, tantos goles como mundiales había ganado ésta hasta la fecha. Antes de llegar a la media hora de juego, Julio César ya había recogido la pelota cinco veces de dentro de su portería.

Para el país del fútbol, cada una de esas veces, que acabaron siendo siete, fue una puñalada trapera en lo más profundo de su orgullo y de su modus vivendi. Cada irrefrenable arrancada de Khedira, cada majestuoso pase Kroos, cada milagroso desmarque de Müller fueron lágrimas inconsolables de sus hombres, sus mujeres y sus niños.

No hubo en el Estadio Mineirão un minuto de silencio por Don Alfredo Di Stefano, nueva lamentable falta de respeto por parte de FIFA, sino noventa minutos, pero causados por la debacle futbolística que aconteció. La distancia entre el juego y el control de un equipo y el pánico y el terror reflejado en los ojos del otro fue tan abismal, que ni las importantes bajas de Brasil pudieron servir de excusa alguna para justificar el desastre.

Neymar, que otrora lloraba dolorido y desconsolado tras la entrada de Zúñiga, debió agradecer a los dioses y al agresor colombiano por haberse perdido el partido, por no haber formado parte de la mayor deshonra jamás sufrida por su selección.

A Brasil, que había sido recordada siempre por dar la cara más bonita y preciosista del fútbol, le han hecho una cicatriz, en su propia casa y en su propia cara, que nunca logrará eliminar del todo. Alemania añade una muesca más a su revólver de balas infinitas y, independientemente de quien gane el mundial, escribe la mejor página de su historia, por encima, a nivel moral, de sus tres títulos mundialistas.

Quien nos iba a decir al inicio del campeonato que ni la paupérrima eliminación en primera ronda de España,  ni el pase a octavos de Costa Rica por delante de tres campeones mundiales serían la sorpresa del torneo, sino que lo sería la semifinal Brasil 1-7 Alemania. Brasil 1-7 Alemania. Repetidlo conmigo, porque yo aún no lo creo.

 

Brasil 1-7 Alemania